Alustante

Remoto pero entrañable. Es la mejor definición que puede darse para este pueblo de Alustante, en la raya con Aragón…

Ya en límites fronterizos con Aragón, en territorio serrano por el que surgen mil formas diversas de sierras, de bosques y arroyos, en el centro de anchuroso valle se alza el caserío amplio y cómodo de Alustante, que el viajero recorrerá plaza por plaza y calle por calle, pues en su trazado amplio y llano se pueden contemplar muchos edificios antiguos, bien cuidados, representantes genuinos de una vida tradicional aún respetada.

Si decimos que Alustante es una villa molinesa, es porque figuró este enclave incluido en el Señorío de Molina desde los años primeros de la reconquista de la zona por Alfonso I de Aragón, «el Batallador», quien extendió sus dominios también al otro lado de la Sierra, hasta Teruel y Albarracín. El señorío de los Laras, que se inició con la entrega al territorio, en 1154, de un Fuero extenso y comunero, pasó luego a los Reyes de Castilla, estando Alustante durante muchos siglos como aldea del Común de Villa y Tierra de Molina, en su sesma de la Sierra. A finales del siglo XIII, temporalmente, doña Blanca se lo entregó a su caballero Fernán López Cortés. Las ocupaciones de sus gentes durante muchos siglos fueron la agricultura y ganadería. Hasta el siglo XVIII, Alustante fue uno de los «puertos secos» de Castilla, donde se revisaban mercancías de entrada o salida hacia Aragón, y se cobraban los consiguientes impuestos. Era sede, pues, de una aduana. Durante el siglo XIX, Alustante creció notablemente, pues se desarrolló el tráfico de lanas y de mulas, además de continuar con su tradicional agricultura y aprovechamiento de bosques, e incluso la fabricación de puntas de lápiz-piedra obtenidas del mineral de las cercanas sierras. También existió industria del hierro y artesanía, muy desarrollada y estimada, de la forja artística.

Entre sus muchos naturales ilustres, merecen ser recordados don Joaquín Andrés Esteban Gómez, que alcanzó el cargo de obispo en Jaén; fray Joaquín Berdoy, escritor; Paulino Savirón, pintor; fray Martín Rosillo, estimable escritor, y don Juan Rosillo de Lara, eminente jurisconsulto. En tiempo de los Reyes Católicos, aquí nació y residió largas temporadas don Juan de la Hoz, duque de Lara, quien erigió la ermita de la Virgen del Pilar, junto al pueblo, y en la parroquia construyó la capilla del Cristo de la Lluvia.

El patrimonio artístico de Alustante es muy notable, con un retablo parroquial espléndido, renacentista, y diversas tallas románicas, barrocas más una cruz de plata de Covarrubias.

En Alustante se debe admirar fundamentalmente la iglesia parroquial, dedicada a la Asunción de la Virgen. Se rodea de amplio atrio delimitado por barbacana de sillar a la que se sube por amplia escalinata. El edificio es, en su mayor parte, obra del siglo XVI, aunque se aprovecharon algunas partes del antiguo templo, y con posterioridad se añadieron otras. En el muro sur se abre la portada, que construyeron en 1542 los hermanos canteros Martín y Pedro Vélez. Consta de un clasicista arco de medio punto, con jambas laterales decoradas con florones, columnas de traza jónica a ambos lados sobre altos pedestales, rematado todo en friso y cornisa. Al extremo izquierdo de la fachada, sobre el ángulo suroeste, se alza la torre, algo más moderna. El interior es de tres naves: las dos laterales son muy estrechas, a modo de reducidos pasadizos, y la central, que con ellas comunica por altos arcos asentado sobre pilares circulares, es más alta y elegante con cuatro tramos de bóvedas de crucería ligeramente apuntadas: el tramo de los pies se ocupa por el coro alto y la escalera de caracol que asciende por el interior de la torre. En el tramo de la cabecera se sitúa el presbiterio y sendas capillas laterales. Tras el altar, se pasa a la sacristía, obra también de los hermanos Vélez. La capilla del lado del Evangelio se cubre de cúpula hemiesférica, y alberga el altar del Santísimo Cristo de la Lluvia. También en ella podemos admirar la talla románica de Santa María de Cirujeda, del siglo XIII, imagen central de un pequeño cenobio medieval, hoy conservado como ermita muy bien restaurada, en el camino de Alcoroches.

En la capilla de la Epístola, que edificaron a fines del siglo XVI los canteros Juan de Pedredo y Francisco Alonso, se admiran dos magníficas tallas de Cristo Nazareno y el Ecce Homo. Ocupando todo el muro del fondo del presbiterio, aparece el magnífico retablo mayor, que se articula en tres cuerpos, cinco calles verticales y un ático. En ellas aparecen magníficas tallas y grupos escultóricos de exquisita factura. La representación tallada del panel central es un grupo de la Asunción de la Virgen, y sobre él aparece otro representando a San Miguel Arcángel aplastando al Diablo. Otros paneles muestran los martirios de San Pedro y San Pablo, así como representaciones de Santiago y San Jorge a caballo. También se distribuyen por este retablo varios relieves con escenas de la Pasión de Cristo y de su vida de infancia. Debe destacarse su aislado y central tabernáculo, complicada arquitectura en dorada madera que se corona con bellísimo grupo en talla de la Transfiguración, presentando en el interior del Sagrario un valioso conjunto de relieve con la Ultima Cena. Este retablo fue ejecutado entre 1612 y 1619 por una serie de artistas salidos del taller seguntino de Giraldo de Merlo: Juan de Pinilla, Teodosio Pérez y Pedro Castillejo fueron los tallistas; Sebastián de Quarte el ensamblador, y Juan de Lasarte y Bernardino Tollet los pintores y doradores completaron la obra. Está realizado en madera de pino rojo sobre la que se aplicó en su integridad una capa de pan de oro. Entre el resto de obras de arte de la parroquia de Alustante son de destacar el tesoro de orfebrería, presidido por la magnífica cruz procesional que talló y ejecutó el platero seguntino Jerónimo de Covarrubias en 1565. En el interior de la torre, llama la atención del visitante su escalera que llaman «el caracol de Alustante», y que construyeron Juan y Pedro del Vado en 1555.

Destacan por el pueblo numerosos ejemplares de casonas típicas, con muros de sillar, en parte encaladas según es costumbre antigua. De ellas debe mencionarse la casona del duque de Lara, y en muchas otras llamarán la atención los conjuntos de rejería, balconadas, cerrajas y labores múltiples de forja en gran número e inacabable variedad; todo ello fabricado en el pueblo en siglos pasados. Oteando la zona de El Raso, puede admirarse “el molino de arriba”, reconstruido completamente, incluso con su maquinaria de moler, evidenciando cómo hasta estos límites molineses alcanzó la arquitectura molinera tradicional.

El folclore de Alustante es muy rico en festividades y ritos. Aunque algunos, por la intensa despoblación de las últimas décadas, ya no se celebran, su relación forma un conjunto homogéneo y expresivo de la convivencia de un pueblo y una sociedad tradicionales. Las fiestas patronales son del 7 al 10 de septiembre, en honor de la Virgen de la Natividad. Hay toros, que se matan en lidia, y luego se guisan “a la pastora”, en grandes calderos de cobre, distribuyéndose entre los asistentes. También se celebran las “enramadas de San Juan”, “el pimpollo de San Pedro”, la peregrinación de San Roque en agosto, los cantos y ritos de los mayos, las faenas meticulosas de la matanza, la fiesta de San Antón con su hoguera nocturna, los carnavales, la Semana Santa con diversas procesiones, el Día de la Cruz con la bendición de los campos, etc. Entre sus cofradías antiguas, merece recordarse la del Cristo de la Lluvia, que en los siglos pasados desfilaba con todos sus cofrades portando hachas de cera encendidas y dándose azotes en la espalda durante los días de la Semana Santa. Hoy continúa viva, saliendo en procesión sus miembros revestidos de hábitos negros, con turbantes y pend.l Pollo”es el típico baile de “ro y la Dolorosa, desde la iglesia al Calvario, y vuelta. muy llamativa la prov¡cesión del mismo color, llevando a hombros la imagen del cristo medieval. En la Semana Santa es muy llamativa la procesión del Santo Entierro, en la que se pasean las imágenes del Santo Cristo, el Jesús Nazareno (el “Santo Grande”), el Ecce Homo, el Santo Sepulcro y la Dolorosa, desde la iglesia al Calvario, y vuelta. Es todavía bailado en las fiestas patronales el típico baile de “el Pollo”.

Para saber más de Alustante conviene repasar estos dos libros:

Alustante, paso a paso
de Alejandro López, Diego Sanz y Juan Carlos Esteban
Aache Ediciones, Guadalajara, 2012. 248 páginas, numerosas ilustraciones.

Arte y Artistas de Guadalajara
de Francisco Layna Serrano
Aache Ediciones, Guadalajara 2014. 500 páginas y numerosas ilustraciones, con numerosos estudios sobre Alustante.