| Semanario NUEVA ALCARRIA |
Guadalajara
Sección Artes
y Letras
Fecha: 24 Octubre 1997

| Un vuelo por el Badiel (a pie o por Internet) |
Un vuelo corto, pero intenso, es el que
puede hacer cualquiera de vosotros, en una tarde de este otoño
manso, por el Valle del río Badiel. Yo lo he hecho esta tarde.
Me fui río arriba, desde Sopetrán (tras
visitar a mis amigos los monjes del viejo monasterio, que andaban
con el mastín español que tienen, y su colaborador Adrián,
mirando lo altos que ya están los maizales), y pasé por entre
los humos que sueltan las hogueras que las gentes del valle
montan para terminar con las hierbas secas del verano: un humo
azul pálido, de un intenso olor a paja ardida, va tapizando de
manchas el valle. Pronto aparece Valdearenas, con su muñón de
iglesia encima del otero, y ese aire de lustroso espacio rural en
el que siempre hace sereno.
La tarde está ventosa. Los árboles, ya amarilleando sus hojas
más altas, se inclinan ante la fuerza del señor del sur. Junto
a la fuente están Eusebia y Alejandro, que miran el pasar raudo
de las nubes cenicientas, y me hablan del hijo que anda lejos,
muy lejos ahora. Sigo subiendo el Badiel. Me llego a Muduex,
donde saltan los niños junto a la rojiza mancha de su torre de
ladrillo mudéjar. Dentro, tras la puerta, guardan la vieja
imagen del románico, la presencia medieval tallada en las
piedras calizas. Y me entretengo en pasear junto a las vallas de
los huertos, mirando los anchos caminos que por el hondo del
valle acompañan el reato del agua. Después llego a Utande, con
su altozano dominante y orgulloso. De entre los muchos molinos
que jalonan el valle (hoy todos restaurados y ocupados por gentes
de buen pasar) me paro a la orilla de la carretera en el de Paco
Sobrino, ese alcarreño universal que anda, él sólo en su
inmenso salón geometrista, preparando la iluminación de la
Biblioteca Nacional Francesa, la nueva torre eiffel que pondrá
de luz vibrante el cielo de París.
Y sigo, dejando a un lado ese encanto supremo del molino de doña
Esperanza, rodeado de altos chopos, elegantes álamos y orondos
sauces. Me paro en Valfermoso de las Monjas, en el monasterio de las benedictinas, donde como
siempre salen todas a recibirme alegres. La madre, (Josefina ya
es abadesa, me enseña con satisfacción la cruz de madera que le
cuelga al cuello, tan merecida y democráticamente puesta) habla
de todo lo divino y lo humano. Allá lejos sabe del mundo más
que muchos: sabe de obispos, de presidentes de Diputación, de
delegados de la Junta y de madrileños alcaldes. Todos han pasado
por las silenciosas estancias de Valfermoso. Que hoy son muy
sonoras, porque tiene más de 60 huéspedes, incluidos niños,
correteando por la Hospedería. En el claustro, que es el más
vegetal y plural que he visto, hay de todo: frutales, sillas de
plástico, una fuente sonora, y materiales para la obra que nunca
concluye. Las benedictinas de Valfermoso son las monjas más
alegres que conozco, y al viajero le dejan siempre el consuelo de
la paz que respiran.
Termino ya: en Argecilla visito la ancha plaza, me asombro otra
vez de su hermosa iglesia, me encanto oyendo el agua correr por
todos los rincones. Vuelvo a caminar. Y paso por Ledanca, donde
la fuente, oronda y maternal, como las de Valdearenas y Utande
(parece que en el Badiel las fuentes son más grandes y generosas
que en cualquier otra parte) centra la atención de su plazal.
Sigo arriba el camino y llego a la meseta. Allí está la
autovía de Aragón. Por ella, en un santiamén, me vuelvo a
casa.
El Badiel en Internet
Tiene gracia que ahora el Badiel sea el
más internacional de los ríos de Guadalajara. Lo es porque ya
está en Internet. Tiene su página propia, su Web particular. La
ha puesto un hombre del valle que por ahora está lejos. Emilio
Santamaría, que tiene aacheda en California una gran empresa de
ordenadores y comunicación (se llama www.esfera.com, para los que quieran mirar lo que hace) y tiene
tanta morriña de su valle que le ha dedicado unas cuantas y
hermosas páginas en la Red universal. La he estado mirando,
durante los diez minutos que lleva leer sus textos, mirar con
tranquilidad sus hermosas imágenes, y admirar el exquisito
diseño que le ha puesto, y me he quedado encantado.
Merece la pena darse una vuelta por ese espacio de
Internet. Se llega tecleando esto: www.esfera.com/badiel. Así de sencillo. Además ha añadido un espacio
que titula «Foro» y en el que ha propuesto diversos temas de
discusión para que la gente opine sobre ellos, con esa libertad
total y sin fronteras que proporciona Internet. Es curioso leer
lo que la gente opina sobre la caza, los encierros de toros en
los pueblos, el turismo rural o los libros de Guadalajara. Más
de uno se llevaría una sorpresa si supiera lo que realmente se
está moviendo en Internet, y se diera cuenta de que quien no se
suba ahora a este tren, se va a quedar muy pronto, como Penélope
(la de Serrat) «sentadito en el andén». Mi enhorabuena a
Emilio Santamaría (tiene un nickname, Lorca, en admiración del
poeta que hace ahora cien años que nació, por el que le conocen
muchos internautas). Y es ya, sin casi habérselo propuesto, uno
de los hombres que más influencia tiene en la realidad
«virtual» de la Guadalajara del momento. Aunque esté en
California.
Lo repito. Mirad esta página del Badiel en Internet. Llevaros en
la retina sus hermosas imágenes en color. Y mandadle un e-mail a
Lorca. Lo agradecerá. Al tiempo que vais sabiendo lo
que (de una forma infernalmente rápida) está cambiando en esta
provincia.
Antonio Herrera
Casado
Cronista Provincial de Guadalajara
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