search

La alfarería de Guadalajara

18,00 €
Impuestos incluidos

Un análisis espléndido, en cantidad y en forma, de los lugares donde se hizo alfarería en la provincia de Guadalajara, y de sus formas. La autora, Eulalia Castellote, es muy considerada en los ámbitos de estudios costumbristas.

Más datos

Cantidad

Dícese, cuando se habla de alfarería, que es esta la primera industria del mundo: la más antigua, la más prestigiada. Porque nada menos que Dios fue el primer artesano, y el Hombre  su primer cacharro. Con estas frases tan líricas y literarias, en siglos pasados se venía a reconocer que el arte de hacer objetos de uso diario, o de lujo y entretenimiento, a partir de la simple arcilla, era una capacidad que tintaba al hombre de rey supremo de la Naturaleza, porque sacar de unos elementos tan simples, como el agua y la tierra, piezas solemnes y bellas, o cacharros útiles y fundamentales para dar confort a la gente, era un acto que llenaba de orgullo a quien lo hacía. Y aunque parezca que no, y hasta hace muy poco, o todavía en las sociedades sencillas y primitivas, al hombre le ha llenado de orgullo hacer cosas que le diferencian de los animales, que expresan su inteligencia y argucia.

En la provincia de Guadalajara se practicó la alfarería desde muy antiguos tiempos. Sin duda desde la Prehistoria, pues en las necrópolis celtibéricas que por las tierras del antiguo ducado de Medinaceli se han hallado (léase Anguita, Luzaga, Luzón y Herrería, entre otras) aparecen los recipientes de barro que contuvieron las cenizas de guerreros y matronas, de jóvenes alegres a los que un puñal mal guiado segó la vida. Ya perfectas y pintadas, esas antiguas piezas significan el remoto origen de esta industria. Siempre siguió, y hasta tiempos recientes ha habido lugares en los que hornos calientes y manos expertas han seguido dando forma al barro húmedo. Alfares famosos, como los de Lupiana, Cogolludo y Malaguilla, exportadores por media España, y alfares humildes, como los de Humanes y Milmarcos, que sirvieron para nutrir las necesidades del propio pueblo. En Guadalajara ciudad, un barrio entero (el de San Julián, al que tradicionalmente, -y aún hoy los más viejos- llamaron “de cacharrerías”) se dedicó a esta industria, y aún hubo un pueblo en nuestra provincia, Zarzuela de Jadraque, en plena serranía del Ocejón asentado, que vivió toda su población de hacer cacharros, hasta el punto de haberle cambiado el nombre, y todavía ser conocido por “Zarzuela de las Ollas”, por la cantidad, calidad y originalidad de las que hacían.

Este libro es y ala 3ª edición de la obra clásica de Eulalia Castellote Herrero, especialista universitaria en el folclore y el costumbrismo de la provincia de Guadalajara.
En este libro se ofrece una amplia descripción de las técnicas utilizadas desde tiempos remotos hasta nuestros días por los alfareros de los pueblos de Guadalajara, así como un catálogo descriptivo de piezas y alfares,
deteniéndose especialmente en los que mayor importancia tuvieron en tiempos pasados.
Va ilustrado con numerosos dibujos, planos, fotografías y se complementa con un léxico.
He aquí el índice del contenido de la obra: 

Prólogo, por A. Herrera Casado / 7

I. Algunas referencias históricas / 11

II. Estudio de la artesanía del barro / 17
1. Caracteres generales / 17
2. Metodología / 24

III. Alfares / 37
1. Almonacid de Zorita 39
2. Anguita 49
3. Brihuega 79
4. Cifuentes 81
5. Ciruelos 89
6. Cogolludo 91
7. Fuentelencina 133
8. Guadalajara 135
9. Hiendelaencina 137
10. Humanes 139
11. Jadraque 141
12. Loranca de Tajuña 143
13. Lupiana 145
14. Málaga de Fresno 169
15. Mazarete 199
16. Milmarcos 201
17. Molina de Aragón 203
18. Sigüenza 205
19. Tamajón 223
20. Tobillos 225
21. Torija 227
22. Usanos 229
23. Valdepeñas de la Sierra 231
24. Zarzuela de Jadraque 233

Léxico / 253

TG062

Ficha técnica

Autor
Eulalia Castellote Herrero
Editorial
AACHE
Año
2006
Páginas
264
Colección
Tierra de Guadalajara nº 62
Tamaño
13,5 x 21 cm
Encuadernación
Rústica