El castillo de Chinchilla de Montearagon

Aspecto del castillo

Sobre la inmensa llanura albaceteña, en la que parecen perderse los horizontes, se alza un macizo cerro que tuvo impor­tancia estratégica desde que el ser humano, en su más primitiva aparición, tuvo conocimiento de él. En sus vertientes y altura se han encontrado vestigios arqueológicos de las más diversas y antiguas culturas: desde restos ibéricos a romanos se han hallado en Chinchilla. Es posible que sea la antigua Saltigi, una de las “mansiones” de la Vía entre Laminio y Cesaraugusta. Los visigodos edificaron en la altura murallas y torres sobre la punta del cerro. Mas tarde los árabes le pusieron perfil de castillo primi­tivo, y con el nombre de Ghenghalet aparece en algunas crónicas, siendo atacada en su tiempo por Ordoño II de León.

La Reconquista

La reconquista a los árabes de este punto crucial en el dominio de la meseta manchega fué llevada a cabo por el reino de Aragón. Durante el siglo XII y parte del siguiente, fué disputada y poseída alternativamente por Aragón y Castilla. Quedó definiti­vamente en poder de Alfonso X, quien apoyó la repoblación entre­gando importantes privilegios a la población. Después pasó al infante don Manuel, hijo de Fernando III, y más tarde a don Juan Manuel, dueño y señor de buena parte de las fortalezas manchegas, y aun más tarde a don Alfonso, hijo del infante don Pedro de Aragón, marqués de Villena.

Los marqueses de Villena

En la casa marquesal de Villena permaneció una larga temporada, constituyendo uno de los fuertes bastiones de su ancho señorío territorial. A partir del siglo XV, y concretamente de 1422 en que Juan II concede a Chinchilla el título de ciudad, conoce la población un enorme florecimiento, haciéndose nudo de comunicaciones, parada de caminantes y emporio de comercio. Juan Pacheco, marqués de Villena, el valido de Enrique IV, adquiere la fortaleza en 1449, y a partir de entonces reconstruye los ya ruinosos restos de su antigua fortaleza, renostruyendolo con una estructura similar a la que hasta hoy nos ha llegado.

Jornadas guerreras

Fue en el siglo XV que el castillo de Chinchilla cono­ció los episodios más guerreros de su historia. Tras la llegada al trono de Castilla de Isabel I, el castillo de Chinchilla sirvió de penal, y en él fué alojado a finales del siglo XV César Borgia, quien aquí protagonizó otra de sus famosas aventuras e intentos de evasión, al tratar, en lucha cuerpo a cuerpo, de arrojar al foso al alcaide Gabriel de Guzmán, sin percatarse de la fuerza extraordinaria de éste, que finalmen­te le redujo. Chinchilla fué, a partir de entonces, y muy espe­cialmente desde 1605, utilizado como penal durante siglos.

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Guerra de Sucesión

Todavía registran los anales históricos algunos hechos bélicos localizados en Chinchilla: así, en los albores del siglo XVIII, importantes batallas de la Guerra de Sucesión se dieron en los alrededores de la fortaleza. Y posteriormente en la Guerra de la Independencia el general Drouet intentó su conquista, siendo finalmente reparado en 1810, aunque desvirtuado nota­blemente en cuanto a su aspecto primitivo, por el comandante de Ingenieros Juan Antonio Cearra, quien destruyó todo el almenaje del edificio, construyendo en su interior una capilla con la advocación de la Virgen del Carmen.

Descripción del castillo

Todavía quedan en la ciudad de Chinchilla restos evi­dentes de su antigua muralla, que la fortificaba desde el siglo XV. El conjunto urbano, al menos el primitivo, se encuentra situado en una favorable situación estratégica sobre el cerro que otea las amplias llanuras de la Mancha, en la comarca que se denomina de Los Llanos. La ciudad ofrece muy bien conservado el ambiente medieval en sus cuestudas calles cuajadas de casonas con escudos heráldicos, y, a trechos, vénse aún los restos de la muralla que la cercó por completo en el mencionado siglo XV.

Aspecto dominante

Puesto en lo más alto del cerro que domina la pobla­ción, el castillo de Chinchilla acentúa su fiero caracter por el enorme foso, realmente espectacular, de que se cerca. Este foso está tallado artificialmente en la roca, y presenta una anchura de diez metros, y una profundidad de seis, lo cual le concede, repetimos, una grandiosidad inusual. Las cortinas de la fortaleza están elevadas directamente a pico sobre el borde del foso, acentuando así su caracter de inexpugnabilidad.

La gran entrada

La entrada principal la tiene por el costado occiden­tal, y se realiza a base de un puente que salta sobre el foso y penetra a la fortaleza a través de un portón adovelado de arco semicircular. Este portón se defiende de sendos torreones cir­culares en cuya altura aparecen los escudos de armas de don Juan Pacheco. Se rematan en molduras, lo mismo que el resto del recin­to, que hoy tiene perdido su almenaje primitivo. Este puente de acceso era primitivamente levadizo, de madera, y se apoyaba en su parte central en un machón o gran pilar puesto sobre el foso.

El interior

El recinto del castillo consiste en un recinto cerrado de muros de mampostería apenas rotos por alguna mínima saetera, y con sendas torres cilíndricas en las esquinas. Antiguamente tuvo su torre del homenaje, adosada al muro de poniente, pero, al igual que todas las construcciones de su interior, desapareció con el paso de los siglos. Aún hoy pueden verse mínimos restos de algunas atalayas o fragmentos del recinto externo que por la cuesta que domina el pueblo se alzaron en siglos pasados.

En el interior del recinto, como hemos dicho, se cons­truyó sin orden ni concierto. Interminables reformas hicieron que los pabellones para servir de cuartel y de prisión fueran dando un tono inexpresivo al edificio, que, finalmente, hoy está siendo recuperado y restaurado convenientemente.

El Instituto de Promoción Turística de la Región Autónoma de Castilla-La Mancha ha preparado esta página sobre el castillo de Chinchilla, que también merece ser considerada: Página sobre el castillo de Chinchilla

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